Imagen de gran cantidad de libros apoyados en estanterías de pared.

Cultura, antídoto contra el virus

Una guitarra, un cubo, una fregona o cualquier elemento del hogar con cierta sonoridad. Con estos elementos, tres jóvenes músicos de Barcelona han entrado en miles de hogares de todo el mundo gracias a las “Canciones de confinamiento” que gravan en su terraza y difunden en las redes. “Stay Homas”–así se llaman- cuelga en vídeo las originales canciones de diferentes estilos, del reagge al funk, pasando por el rap o el pop, en colaboración con conocidas artistas. Y la terraza, ya un símbolo, como escenario. En Instagram tienen 413.000 seguidores, con tan solo 34 publicaciones y sin salir de casa. Los ritmos pegadizos y las letras optimistas han saltado hasta las páginas de la reputada revista norteamericana The New Yorker.

En la crisis sanitaria del Covid-19, sobre todo en los momentos más duros del confinamiento, cada cual ofrece aquello que tiene para hacerle frente al virus. Las canciones de “Stay Homas” son un ejemplo. Robe Iniesta, el mítico fundador de Extremoduro, que ha querido dejar su marca con “Yo me quedo contigo aquí”, es otro. Y hay muchos más. Uno de los sitios web que se ha viralizado estos últimos meses es la Biblioteca Digital Mundial, que pone a disposición en Internet, de manera gratuita y en formato multilingüe, materiales fundamentales de culturas de todo el globo. Los museos también han abierto sus archivos digitales. Desde nuestro sofá podemos recorrer las galerías de El Prado, el Reina Sofía, los Museos Vaticanos, el Louvre de París o el Guggenheim de Nueva York.  Como veis, las posibilidades son casi infinitas.

Imagen de herramientas musicales y culturales sobre una mesa gris

Curémonos a base de cultura

Durante el confinamiento, la cultura se ha revelado (y rebelado) como un ámbito esencial. Es cierto que el trabajo de los sanitarios, las medidas de higiene y quedarnos en casa o la distancia social son nuestras principales bazas contra el bicho. Pero también es cierto que la cultura, condicionada por las circunstancias actuales, se ha convertido en una de nuestras grandes aliadas. ¿Cuántos de nosotros acudimos a series, películas, libros o música en calidad de consumidores o incluso creadores para rellenar alguna de las 24 horas de cada día? Sin ir más lejos, quién escribe estas líneas ha caído en los brazos de Netflix recientemente. Y no soy el único, la plataforma ha consolidado un alza del 22% en lo que va de 2020.

El filósofo Santiago Alba Rico nos invitaba a buscar, en las páginas de El País el 15 de marzo, entre las actividades sin las cuáles no podemos vivir. ¿Qué es lo esencial? Nos decía el pensador: “en estos días de tenso tedio, en el que el tiempo pasa muy despacio y los días muy deprisa, hagamos una lista de cosas esenciales, de cosas necesarias y de lujos compatibles con los derechos humanos”. No cabe duda de que la cultura, muchas veces denostada y otras tantas concebida como un tema menor, secundario, ha aportado su granito de arena para hacer frente a la Covid-19. La cultura se ha convertido, por méritos propios, en un antídoto contra el virus.

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